En realidad, lo que queremos oír cuando escuchamos una canción, es la voz.
La voz en la música es como la luz en la arquitectura. Si, además, tienes una buena cimentación y estructura, esto es, una buena base rítmica, entonces el resto ya está hecho. Los acabados son los arreglos de cuerda, de guitarra, los vientos… ahí ya puedes hacer fantasías, pero la voz, la voz es lo que queremos oír.
Las canciones son meras excusas para escuchar la voz de la persona. Lo que nos cuenta es importante. sí, pero es el propio timbre, el propio sonido de la voz lo que nos transporta, su vibrato, su fraseo, su forma personal de decir algo personal ya sea algo -espiritual, carnal, emotivo, divertido… La voz es lo que nos enamora.
Cuando trabajo con un combo de alumnos, doy gracias a los dioses cuando cuento con una buena voz, sea del tipo que sea, o cuando varios peques se ponen a cantar juntos a voz en grito. La voz arrastra al resto, empuja, es una fuente de energía inagotable. Como el sol que entra por las ventanas, por los lucernarios. La voz y la luz.
