Blog

Me cuesta encontrar canciones

Me cuesta encontrar canciones que me emocionen tanto como lo hacían las de la adolescencia. Está claro que tiene que ver con el momento vital de uno mismo, y hay infinitos estudios de todo tipo acerca de eso.
Echo de menos ese vendaval al enamorarte de un grupo, un solista, una canción por primera vez. Bowie no me acababa de matar, pero un buen amigo me arrastró al Rockódromo madrileño en el año 89 y, naturalmente, me mató. Desde entonces soy un incondicional. Esas cosas ya no (me) pasan.


Veo a mis hijas en ese proceso ahora y, afortunadamente, coincidimos en muchas de las propuestas. Hay otras que me descubren pero, por supuesto, no son el vendaval de antaño. Uno es ya resabiado, los encuentra refritos o simplemente no le llegan por viejo y pellejo -yo-, mi momento vital dista mucho de ser el suyo. Pero -como cantaba Astrud- esa primera vez es única, el mdma más potente que existe, una locura de viaje que te hace enamorarte de por vida.


Así fue en su momento con Beatles, con Nirvana, con el Último de la Fila o con U2 (de estos acabé saturado, pero a día de hoy muchos de sus temas me transportan a un lugar único más allá de Orión, esa especie de nostalgia de un lugar donde, esta vez sí que estuve), por poner tres ejemplos.
Si he de ser sincero, a día de hoy lo que más me divierte e incluso emociona son las canciones que escribo junto a mis alumnos y alumnas de los combos, sobre todo los de los más pequeños. Es un soplo de vida y más de una vez me descubre cantando esas canciones locas en casa a voz en grito. Pura alegría.